Obras por ley, el fin de las excusas

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¿Por qué si pagas los impuestos puntualmente, las calles de tu ciudad siguen llenas de baches y el agua potable es un lujo intermitente en zonas rurales? La respuesta habitual son excusas, pero la realidad se esconde en las profundidades de las cuentas municipales, donde la burocracia devora silenciosamente la capacidad de hacer obras.

Frente a esto, el Presidente Noboa ha enviado un proyecto de ley urgente con un objetivo claro: eliminar el margen para los pretextos. Lejos de la improvisación, y contrario a lo que muchos estén pensando en este momento, el proyecto de ley demuestra que el Gobierno tiene claro el camino: la transformación del país no ocurre en los escritorios, sino cuando la obra llega a tu barrio. La propuesta es mucho más que un ajuste fiscal; es un nuevo modelo de gestión local.

La Regla del 70/30

La «Regla de Asignación Mínima Prioritaria» es inflexible: de cada dólar disponible en un municipio, 70 centavos deben ir obligatoriamente a inversión. Solo el 30% restante podrá usarse para gasto corriente, como sueldos o conciertos. Con esto, el presupuesto para obras queda blindado por ley; ya nadie podrá decir que «no hay dinero».

El candado técnico

Se acabó el disfrazar fiestas como «inversión social». La ley define exactamente qué cuenta para ese 70%: maquinaria, construcción de obra pública, mantenimiento vial y servicios básicos. Ya no podrán decirte que «invirtieron en la ciudad» cuando en realidad gastaron en un concierto pasajero.

Si no hay obras, no hay plata

La reforma envía un mensaje contundente: la autonomía no es un cheque en blanco. Si un gobierno local no cumple con destinar el 70% a obras, el Estado limitará sus transferencias. La ineficiencia tendrá consecuencias directas y el culpable no será el Gobierno Central, sino la mala gestión local.

El desafío de 2027

Esta ley cambia el tablero electoral porque elevará el nivel técnico del debate y ajustar el plan de trabajo a la nueva ley será solo el requisito mínimo para competir, no la llave para ganar.

No ganará solo el mejor «técnico», sino quien logre que el votante sienta indignación al ver una oficina municipal llena de gente que no hace nada y esperanza al ver maquinaria trabajando. Ganará quien descifre la indignación ciudadana y plantee la elección con claridad: «Quienes defienden la burocracia porque es su negocio versus quienes defendemos la obra porque es tu derecho».

En 2027, la papeleta te pondrá frente a una decisión crítica. La próxima vez que veas una obra abandonada, recuerda que el dinero existía, pero alguien decidió gastarlo en otra cosa. ¿Volverás a votar por quienes secuestran tu dinero en burocracia, o tendrás el valor de exigir que tus impuestos se conviertan en obras?.